ACTÚA HOY
• A las 21, en El Árbol de Galeano
(Virgen de la Merced 435).

María Iribarne es la obsesión del pintor Juan Pablo Castel, quien es el objeto de sus deseos, persecuciones y temores, que concluyen en el homicidio por sospechas de infidelidad. Bajo este eje argumental, Ernesto Sábato edificó en 1948 “El Túnel”, una de sus obras más importantes y referencia de la novela psicológica existencialista.

El texto fue llevado en varias veces al cine, la televisión y el teatro, como en la propuesta que el grupo de La Plata, La Cuarta Pared, presentará hoy en El Árbol de Galeano en estructura de monólogo con la actuación de Horacio Rafart. La puesta fue estrenada en 2003, con el asesoramiento del propio Sábato.

“El alma del hombre tiene siempre necesidades eternas, con ellas trabajamos nosotros. El túnel es lo oscuro del alma, lo que se pretende conocer como la verdad”, afirma Rafart en diálogo con LA GACETA.

- ¿Qué te atrajo de la novela ?

- Es una novela referente de la juventud, que con el transcurso de los años se va resignificando. Nos atravesó la idea de la universalidad que plantea y los conflictos que rodean al protagonista durante el resto de su vida: el amor, el abandono, la obsesión, la muerte o la soledad. Son el eje dramático de la obra. Sabemos que a todo hombre en su vida una mujer lo ha querido o lo ha amado, y que también lo ha dejado. Nos sentimos parte de algo escrito hace tanto tiempo.

- ¿Cuál es tu planteo escénico?

- Nuestra puesta es minimalista, se juega con la idea subterránea del entendimiento. Hay cosas que no describimos abiertamente, sino por alusiones y símbolos. Y es esa lejanía estética lo que hace alcanzable la percepción de la obra. Entonces, el personaje de María se revaloriza, porque tiene aspectos que no se detallan sino que se presuponen.

- ¿Qué sacude a tu Castel?

- Cambia y se contradice incansablemente, las emociones que creemos actuales pueden ya ser pretéritas. Pero hay algunas que son universales, que se desdoblarán con los años. Se modifica por sus reacciones intrínsecas de venganza, amores y odio. Esa triada de sensaciones hace que Castel tenga un motor impulsivo lejos de toda racionalidad.

- ¿La inseguridad agita tus fantasmas?

- A veces la mente que dirige el albedrío de una persona está viciada por las emociones. Hasta podemos llegar a perdernos en un incansable juego sensorial que remueve todo el tiempo al personaje. El campo racional se vuelve vulnerable y florecen inseguridades, fantasmas y todo tipo de manifestaciones psicológicas.

- ¿Todo amor conlleva miedo?

- El miedo es intrínseco a todo amor, el que tiene una conciencia trágica porque es finito. El amor, entendido como perspectiva individual del querer, tiene dos rasgos matrices: quiere conservarse y quiere perpetuarse. El temor a la perdida es algo que acompaña a el proceso. El amor es especifico, al contrario del deseo, que es universal.

- ¿Cómo es tu experiencia de ser asesorado por el autor?

- Nos dejamos atravesar por la aventura de estar delante de la persona que habíamos leído desde jóvenes. Y nos encontramos con un ser de una sencillez admirable y de un espíritu tan efusivo que nos dejamos contagiar por la energía que planteaba ante toda pregunta. En ningún momento tomamos conciencia real del momento que estaba representando en nuestras vidas. Ernesto falleció a los dos años de conocerlo. Escuchar de su boca palabras con respecto a la vida, a la soledad, a la muerte, nos hizo ver su costado vulnerable y poético y nos acercó más a su humanidad que a su obra. Encontramos una persona llena de dudas e inseguridades, acaso las mismas que teníamos nosotros cuando fuimos a Santos Lugares a verlo.

- El Túnel fue llevado varias veces al teatro. ¿Cuál es su impronta dramatúrgica?

- Quizás la novela fue una ruptura en la manera existencial de plantear un conflicto. Recuerdo que Sábato nos dijo: “mil objetivo era reflejar el pensamiento de los hombres, en todas las épocas y países. Y si estos pensamientos son tan tuyos como míos, la novela ha adquirido el resultado esperado”. Y nosotros, con la obra y nuestra dramaturgia, buscamos también el efecto que el texto tenga una mirada provista en el porvenir y no en el pasado.

- Tu grupo tiene 24 años de trayectoria, con vínculos con teatristas de todo el continente...

- El contacto con grandes maestros nos formó desde lo humano. Aprendimos muchas herramientas escénicas y recursos teatrales, pero eso fue secundario. Tantos años y tantos viajes por diferentes países hace que te despojes de inocencias y te das cuenta que quedan pocas cosas de las cuales aferrarse: un par de ideas, un par de lealtades, mucho valor y consecuencia ética. Esas virtudes no se compran con dinero ni con tiempo, y fueron las cualidades principales que aprendimos de los grandes maestros latinoamericanos. Cuando todo se desmorona, la ética es lo único que te ayuda a mantener la compostura. El teatro no te salva, sino lo humano y tu conducta moral, que están por encima de cualquier hecho artístico.

- ¿Hacia dónde marcha tu producción dramática?

- Escribir obras no fue un objetivo, sino una consecuencia al querer contar tu propia historia. Buscás una voz propia que te represente. Lo que rige nuestro método de escritura es saber escuchar; ser un espectador atento de la realidad; saber trasladar los silencios del lenguaje hablado y el dramatismo cotidiano al papel. Nuestro trabajo con el texto tiene una reminiscencia humana y social que es inevitable.